lunes, 10 de abril de 2017

Puente Fernando Reig (II). Preliminares y proyecto

Preliminares

         Debido al aumento de tráfico interurbano, provocado por el paso de la carretera N-340 y la C-3313 por la ciudad, y ante las necesidades de mejorar el acceso desde la carretera de Alicante a los barrios de Santa Rosa, Batoy y el ensanche de Entenza, el Ayuntamiento, en sesión celebrada el 26 de junio de 1.980, acordó el desdoblamiento de la N-340 por las calles Gabriel Miró, Entenza y Santa Rosa por medio del terraplenado del Barranco de Benisaidó (La Vaguada) y la unión de la calle Santa Rosa con la de Alicante mediante la construcción de un puente sobre el Barchell (Riquer), además de la ampliación de los puentes de Cristina, San Roque y Pechina.

          Gracias a las gestiones realizadas por el entonces Alcalde D. José Sanus, el 17 de julio de 1.982, el Ayuntamiento concretó la construcción del nuevo puente al decidir encargar el proyecto al ingeniero de caminos D. José A. Fernandez Ordoñez.

          Este proyecto se finalizó en septiembre de 1.983, siendo sus autores D. José Antonio Fernández Ordoñez, D. Julio Martínez Calzón, D. Manuel Burón Maestro y D. Angel Ortiz Bonet. El presupuesto ascendía a 963.350.205 pesetas.

Vista general del puente

Proyecto

          Se propone la solución de un puente atirantado de gran luz  con un tablero totalmente prefabricado de hormigón, principalmente por dos motivos:
          - Construir un puente moderno empleando tecnología actual, de manera que completara la importante colección de puentes de la ciudad, pues todos ellos forman un pequeño muestrario de los tipos más representativos de cada una de las épocas en que fueron construidos. Aunque sería más económico un puente de varios vanos de 20 a 30 m de luz, existen otros valores a tener en cuenta como son los estéticos, monumentales, urbanísticos, históricos...
          - Dado que la mejor zona para cimentar se encuentra en el fondo del barranco, la solución de dos vanos es la mejor. Un puente en arco no es posible porque necesita buen terreno de apoyo en las laderas, y un puente de viga-cajón continuo de doble tramo y de hormigón pretensado, supone un coste equivalente al propuesto, con menos posibilidades estéticas y una tipología perteneciente a los años 50.

          La distancia a salvar de 300 m viene dada por la continuidad de la calle Santa Rosa y su entronque con la N-340 (calle Alicante).

          La ubicación de la pila está determinada en el fondo del barranco por sus mejores condiciones geotécnicas, facilidad de acceso y disponibilidad de un lugar para instalar una plataforma de trabajo.

          Se elige la distribución en luces desiguales por sus mayores ventajas. Para compensar la cargas de los dos tramos asimétricos, en el vano más corto se anclan los cables extremos en el estribo, de forma que aumenta la rigidez del atirantamiento del vano más largo, y queda la cabeza de la pila anclada a un punto fijo. En el caso de vanos iguales, la eficacia del atirantamiento queda exclusivamente  encomendada a la rigidez de la pila,   constituyendo un elemento muy voluminoso, pues sería necesaria una pila en forma de “A” en sentido longitudinal para buscar la mayor rigidez, y se saldría de la zona de cimentación. La elección de esta solución se ve reforzada por la propia asimetría del perfil longitudinal del valle.

         Para estos casos la relación óptima entre vanos es de 1’35. Sin embargo, se toma la proporción de 1’22 (108 y 132) pues la localización de la pila principal así lo exige. Se podría prolongar el tramo más largo, pero la poca altura entre su extremo y el terreno recomienda su apoyo en pilares.

          Al tramo atirantado de mayor longitud le sigue un tramo de compensación de 24 m para aliviarle de momentos positivos y disminuir la flecha. Los momentos negativos que aparecen en la viga sobre el primer apoyo se absorben mediante el macizado de ésta. A continuación vienen tres tramos de acompañamiento, distanciados entre sí 12 m que, aunque son prescindibles, se realizan por funciones estéticas de modulación. Entre el vano atirantado y los tres vanos de acompañamiento se dispone la única junta longitudinal para evitar grandes esfuerzos ante solicitaciones horizontales debidas a sismo o a viento (al final estos tramos se sustituirían por uno solo de 34 m).

Planta del tablero

         Frente al hormigonado “in situ” del tablero, la prefabricación en taller fijo ofrece una mayor calidad por la experiencia de personal, mejores acabados y elevada resistencia de las piezas. Además en el primer caso, hace falta una gran inversión, difícil de amortizar, para sufragar el coste de la cimbra y encofrados móviles necesarios.

          Se toma como distancia entre cables los 12 metros, ya que se busca la prefabricación de elementos parciales dentro de la sección transversal, y no dovela a dovela con su anchura completa que sólo permitiría distancias de 6 a 8 metros. Dado el peso de las piezas, su puesta en obra es posible por medio de grúas no muy espectaculares.

         Se disponen dos familias simétricas de cables inclinados en vez de una sola central porque:
      - Se divide por la mitad el problema resistente, con lo que aparecen elementos más pequeños tanto en la pila central como en el tablero.
       - Tiene mejor comportamiento ante las acciones del viento y sismo, aumentando todavía más su eficacia con la ligera inclinación del plano vertical, formado por los tirantes, hacia el interior del puente.
         - La reparación de los cables es menos costosa.

         En cuanto a la distribución en arpa o abanico, se opta por el abanico corregido. Aprovecha las ventajas del abanico por la eficacia del atirantamiento y menor altura de la pila, y la del arpa, por su sencillez de anclaje de la pila y su diafanidad que consigue una mayor belleza.

          Los cables se anclan de forma fija en el tablero y son regulables en la pila, lo que permite un cómodo tesado y retesado, cosa que no ocurre con el cable pasante por la pila y unido por ambos extremos al tablero.

          Dada la tensión admisible del terreno de 3 kg/cm2 se opta por la cimentación directa.

          La pila principal se proyecta como un pórtico de dos pilares ligeramente inclinados en su plano transversal, con un travesaño intermedio. Los fustes son huecos en su interior para disminuir su peso propio y sólo se macizan en la parte superior donde comienzan los anclajes. Toda la pila forma un elemento unitario empotrado en el encepado de la cimentación, remarcado por el color rosa de los paramentos.

          La altura de la pila sobre el tablero debe alcanzar los 50 m y responde a la relación de 0’38 con respecto al tramo largo, que es la más idónea para un atirantamiento correcto y eficaz en soluciones de abanico corregido.

          El tablero pasa por encima del travesaño intermedio y entre los fustes, colgado por un cable impar cuyo eje coincide con el de la pila. No llega a apoyarse en el travesaño para evitar la aparición de fuertes momentos negativos y de un “punto duro” frente a los apoyos elásticos.

          A ambos lados de la pila se acoplan dos miradores para los peatones, de manera que desde el puente pueda contemplarse con comodidad el panorama que desde allí va a ofrecerse.

          La anchura del tablero de 17’40 m viene condicionada por las necesidades de tráfico. Su sección transversal comprende dos vigas cajón laterales de 2’45 m. de canto, que reciben en su centro de gravedad los tirantes; transversalmente, uniendo los puntos de paso de los cables, se colocan vigas riostras cuya misión es de servir de apoyo a las viguetas pretensadas que han de sostener la losa superior.


Sección transversal del tablero.

          En cuanto al tipo de cable se elige el formado por hilos paralelos introducidos en una vaina protectora flexible e inyectada. Sus ventajas residen en: facilidad de puesta en obra, posibilidad de regular la tensión permanentemente estableciéndose un ciclo de tesado y retesado, fácil sustitución, resistencia aceptable a la fatiga y protección favorable ante la corrosión. Los anclajes poseen un cabezal único, formado por una placa de acero con roscas y cuñas regulables para el retesado.

          Para dar continuidad y unidad horizontal, en la parte superior de los estribos se prolongan las superficies inclinadas vistas de las vigas-cajón, así como la imposta y la barandilla. En el estribo derecho se pretensan las vigas-cajón y los muros laterales para soportar los esfuerzos horizontales longitudinales que transmite el tablero. En el estribo izquierdo se ancla el último par de cables, de forma que alivia de cargas verticales al terreno donde apoya.

          La imposta se hormigona “in situ” para corregir las pequeñas deficiencias de alineación constructivas y servir de soporte a la barandilla.

          Los apoyos entre las piezas del tablero, pilas y estribos se resuelven mediante neopreno y neopreno-teflón.

          El peso de la estructura por m2 es de 1’35 toneladas.

          Con el fin de mejorar la estética al conjunto se han recurrido a varias medidas:
       -  Utilización de dos colores: El más oscuro para el elemento vertical y que corresponde al color rosa de la piedra del puente de Cristina o Cervantes, y el más claro para el horizontal que le confiere mayor ligereza.
         -  Prolongación en los estribos del dovelaje del tablero, así como de la imposta y barandilla, para dar mayor continuidad y unidad a la obra.
         -  Disposición en abanico corregido de los cables por su mayor diafanidad.
       -  Pintado en color gris de la parte inferior de los tirantes hasta la altura de la barandilla para no distorsionar la línea horizontal del tablero.
        -  Ordenamiento en terrazas con muro de mampostería del perfil menos tendido del terreno.


Prolongación en los estribos del dovelaje del tablero y ordenación en terrazas del terreno.

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